EL PODER DEL TACTO:
Cuando investigaba en el mundo del lenguaje no verbal dos de las cosas más apasionantes que descubrí fueron el poder que tienen las miradas y el poder que tiene el sentido del tacto. Decimos mucho más con ellos que con las palabras.
En la civilización occidental las primeras consideraciones sobre "conocimiento" provienen de los filósofos griegos. Estas definiciones, de corte logicista, confunden verdad con realidad. La discriminación de ambos aspectos no aparece hasta el siglo XVII, cuando se asume el triunfo de la razón. En ese entorno, en el que se da excesiva importancia al razonamiento, se entendía ya que en la construcción oracional (en lo que decimos) hay un conjunto de elementos elididos (pero sobreentendidos) que hacen comprensible el enunciado (eso que estamos diciendo). Se trata de razonamientos mentales que el hablante elimina cuando opina que redundan (no son necesarios porque solo sirven para repetir lo que ya se ha dicho). Esas elisiones se suplen con el lenguaje no verbal que facilita la comprensión del mensaje porque lo refuerza.
¿Qué subyace a las oraciones que justifica la construcción oracional?
La respuesta es doble: por un lado el lenguaje no verbal, por otro el sobreentendido.
Generalizando muchísimo: El lenguaje no verbal incluye todo aquello que no son palabras, desde la postura que adoptamos cuando hablamos hasta los gestos con los que reforzamos lo que decimos. Es muy importante, pues, lo que vemos y mostramos, y lo que decimos sin palabras.
Del poder que tiene el tacto, tocar y que nos toquen, he encontrado una perla que no puedo dejar de repreducir aquí. Espero que os guste.
Si soy tu bebé, tócame. Necesito tanto que me toques... No te limites a lavarme, cambiarme los pañales y alimentarme, acúname cerca de tu cuerpo, besa mi carita y acaricia mi cuerpo. Tu caricia relajante y suave expresa seguridad y amor.
Si soy tu niño, tócame. Aunque yo me resista y te aleje, persiste, encuentra la manera de satisfacer mis necesidades. El abrazo que me das por las noches endulza mis sueños. Las formas en que me tocas durante el día me dicen cómo sientes.
Si soy tu adolescente, tócame. No creas que porque sea casi adulto no necesito saber que aún me cuidas. Necesito tus brazos cariñosos y tu voz llena de ternura. Cuando el camino se vuelve duro el niño que hay en mí te necesita.
Si soy tu amigo, tócame. No hay nada que me comunique mejor tu cariño que un abrazo tierno. Una caricia curativa cuando estoy deprimido me asegura que me quieres y me informa que no estoy solo. Y tu contacto pudiera ser el único que logre.
Si soy tu compañero sexual, tócame. Podrías creer que basta la pasión, pero sólo tus brazos rechazan mis temores. Necesito tu toque de ternura que me da fe y me recuerda que soy amado porque soy como soy.
Si soy tu hijo adulto, tócame. Aunque tenga mi propia familia para tocar, aún necesito que me abracen mamá y papá cuando me siento triste. Como padre yo mismo, mi visión ha cambiado y los valoro aún más.
Si soy tu padre anciano, tócame. Como me acariciaban cuando yo era pequeño. Coge mi mano, siéntate cerca de mí, dame tu fuerza y calienta mi cuerpo cansado con tu proximidad. Mi piel está arrugada pero goza cuando es acariciada.
No tengas temor, sólo tócame
Tomado de El poder del Tacto. El contacto físico en las relaciones humanas de Phyllis K. Davis.
Editorial Paidós Ibérica
EL ENCANTO DE LO SUGERIDO:
El lenguaje es elemento fundamental para la conformación de la psiquis característica de un conjunto social, se emplea para distinguir comunidades lingüísticas y a sus miembros y sirve, precisamente, para caracterizar a los sujetos que forman parte de la comunidad. Como elemento que establece las relaciones interpersonales el lenguaje determina el pensamiento y permite su modificación, y su parte no verbal refuerza, ratifica o refuta la parte verbal. Del conjunto lingüístico el componente no verbal transmite el 80% de la información total, así que, en términos freudianos: no tenemos derecho a despreciar los pequeños signos. Tomándolos en consideración nos pueden servir de guía para realizar importantes descubrimientos.
El lenguaje no verbal (LNV) incluye gestualidad y expresión, movimiento corporal, ubicación espacial, color, tacto, olfato... Pero al que se otorga mayor importancia, por su volumen de aparición, es al gesto. El componente gestual de una lengua natural lo interiorizamos al mismo tiempo que el lenguaje verbal y llegado el momento sabemos identificar cada gesto o postura. Incluso disponemos de kinésica no encubierta que asocia elementos no verbales a intereses particulares ¿Cuántas veces te han dicho que si miras fijamente los labios de otra persona le estás evidenciando tu interés por besarle? El contexto te dirá si puedes hacerlo ¿No has usado nunca ese idioma?
Solemos usar el mensaje no verbal de nuestro interlocutor para detectar usos prevaricadores del verbal, pero no tenemos en cuenta que, como todo lenguaje, puede aprenderse, corregirse y utilizarse con una finalidad concreta, por ejemplo la seducción. Eso sí, no es tan fácil controlar el lenguaje no verbal como controlar el verbal. El sujeto piensa antes de hablar o escribir y tiene en sus manos la posibilidad de modificar el mensaje antes de su emisión. Sobre el gesto no tenemos tanto control. Puedes entrenarte.
En la práctica todo lo que un individuo experimenta está condicionado, en mayor o menor medida, por sus contactos sociales previos o actuales, por la conciencia de grupo, la ideología, las creencias políticas y religiosas... Las personas estamos influidas por estímulos sociales, tanto si estamos en presencia de otros como si no. Es más, los sexos se consideran categorías: La pertenencia a uno u otro, en ésta cultura de contacto profundamente misógina, potencia una posición distinta de los individuos en todos los campos.
La sociedad no percibe el tema: pendientes, tacones, lencería sofisticada, escotes, ropa entallada... se aceptan como elementos diferenciadores a los que no se asigna potencial discriminador. Pensamos que dichos elementos “diferenciadores” son fruto de una opción libre (lo llevo porque quiero) sin que los gustos se consideren constructos sociales o la libertad limitada por el mercado y por la moda.
Estudios sociológicos han subrayado que los individuos prefieren pensar que sus acciones son coherentes con sus creencias y si hay disonancia cognitiva entre ambas tratan de reducirla cambiando antes la creencia que las acciones. Por eso, siendo el lenguaje no verbal distinto en el hombre y en la mujer, aunque el lenguaje verbal sea compartido, todo aquello que sobresalga de esos límites, o que ponga las pautas de lo masculino y lo femenino en cuestión, provoca incomodidad en quienes sí se ajustan a esas pautas: la inmensa mayoría. Es lógico pensar, pues, que la mujer seductora es la femenina y el hombre seductor es el masculino.
El hombre y la mujer ¿Son diferentes? Queremos saber quién pone las normas: Las vamos a transgredir, porque las categorías sexuales no son meros modelos de clasificación y no existen “de por si”: Se construyen dentro y por la relación social que nos une y nos opone. Así pues, está en nuestras manos adaptarnos, utilizar el lenguaje del que disponemos, para los fines deseados en cada contexto y situación. De hecho muchas mujeres asumen los códigos como necesidad de integración social, los usan como estrategia para no crear rechazo, convierten las formas socialmente aceptadas en vehículo de ideas más o menos subversivas y así dificultan el sometimiento a crítica. Otras emplean ese conocimiento para emitir mensajes de atracción sin verse forzadas a decir palabra alguna: Mírame, estoy disponible, puedes acercarte a mi e iniciar contacto, no te voy a rechazar.
Visto así, el lenguaje que utilizamos es poco claro: Podemos decir que hay cierta disociación entre lo verbal y lo que no lo es ¿Es necesario?
Tal vez el uso no verbal del lenguaje y la comunicación hay que abordarla de otra forma ¿Qué hay del gusto por el adorno? ¿Es una opción libre o una potenciación inconsciente del modelo patriarcal discriminatorio? Perfumes, collares, escotes... ¿Por qué no para todos y para todas? Ajustar la ropa, enseñar las piernas, resaltar el busto, ropa interior provocativa pero incómoda, son partes de un idioma que nos confunde: el lenguaje sexual, la provocación y la seducción... Tres factores de la cotidianeidad.
Nuestras madres nos enseñaron que la mujer debía presentarse bella, pero no disponible; guapa, pero no exagerada, que excitaba más lo que se sugería a lo que se enseñaba, y que esos eran los trucos con los que una mujer podía dominar el mundo ¿Qué pasa ahora, que también ellos han empezado a exhibir músculo?
No es sencillo determinar con exactitud las reglas de la seducción porque hay tantas como personas. Además, provocar significa arriesgarse a recibir un no, y es una osadía ¡Excepto porque en el riesgo está la gracia! A veces salir a seducir se convierte en el rechazo explícito de la otra persona, pero sin riesgo no hay éxito. No arriesgar significa perder oportunidades y, a final de cuentas, a todos nos gusta gustar. Por eso mismo lo fundamental es iniciar el ataque con una buena defensa: La autoestima. Ir de desavalida e inútil genera rechazo, no atracción. Pero tampoco hay que extralimitarse y aparentar prepotencia o ser presuntuosa. En el punto medio está la virtud.
Seducir es generar cierto misterio, dejar expectante al otro, provocar su interés hacia nosotras. Por eso nuestras posturas han de señalar aquello que tenemos destacable.
Una mujer disponible avanza su pecho hacia su interlocutor, cuando pone las manos en las caderas señala con los dedos índice sus genitales, acaricia su cabello e, incluso teniéndolo corto, mueve el cuello como queriendo apartar de su rostro esa melena imaginaria. Recuerda que se valora siempre más lo que cuesta conseguir, así que siempre tenemos el recurso de aparentar inaccesibles, que no inalcanzables.
No olvidemos que el hombre moderno está atrapado en la escisión entre lo que le parece que la mujer espera de él y lo que él, efectivamente, es en sí. Esa misma contradicción le impide decidir si se siente atraido por la mujer como es, o por lo que aparenta ser. Así que sal a la calle aparentando ser la mejor, la más bella, la mejor preparada, la más atractiva y la que decide por quien quiere ser conquistada.
No olvides que ellos preferirían proclamar sus devaneos con una modelo a tener efectivamente relaciones con una y no poder contarlo ¿O crees que se trata sólo de un tópico? Si consigues que se sientan orgullosos de ti, tanto como para lucirte como una pieza de museo, habrás ganado la partida.
Tu cuerpo es una especie de señal luminosa: lo que diga el rótulo y el colorido del mismo son elementos que puedes mejorar o potenciar. Luce aquello que tengas bonito y esconde lo que te avergüence. Puedes decorarte pero no te disfraces, sé natural y, sobre todo, conócete a ti misma antes de decidir qué puedes comunicar con tu cuerpo, y de qué forma decirlo.
Dispones de todo un abanico de elementos a tu alcance, desde los mejores perfumes hasta los más atractivos vestidos, así que trata de vestir bien, siempre dentro de tu estilo, e intenta oler bien, o no oler si los perfumes no son lo tuyo. Pero sobre todo nunca, jamás, huelas mal. Enseña tus piernas si son bonitas, luce tus ojos si tienes una mirada expresiva, suéltate el pelo, como decía aquella canción de los años 80. Ante todo sé coherente y no oses vetir de amarillo si tienes un gran sobrepeso ni enseñes las piernas si no te has depilado previamente.
Si eres recatada no mantengas la mirada, apártala. Si te sientes preciosa has de lucirte, debes expresarte si eres una buena comunicadora, mira directamente a los ojos de tu interlocutor si deseas que él también se fije en los tuyos, o ponte un gran escote que resalte tu busto si es esa la parte de tu cuerpo que quieres que te miren. Como los conoces, usa todos los trucos antiguos y observa fijamente sus labios si lo que quieres es besarle, o que te bese: Tanto monta monta tanto.
Encuentra tus virtudes y explótalas con naturalidad, de modo que, si eres de las que usan ropa interior de algodón, no te pases a la licra, simplemente busca prendas bonitas con las que te sientas cómoda. Al final da igual si son de cuero o de lana. No fuerces tus gestos si eres poco expresiva, ni los reprimas si eres exagerada. Has de lograr encontrar un estilo propio.
Recuerda que todas nosotras tenemos algún encanto: somos mujeres.
Somos preciosas.
REINAS DE LA NOCHE:
Los colores se funden en un espacio psicodélico que viene a representar la figura femenina llevada al extremo. Se combinan vistosos trajes y uñas postizas que, junto a los zapatos de plataforma y las largas e irreales pestañas, convierten a un peluquero de Valencia en una “Reina de la Noche” espectacular. Movimientos exagerados, contoneos de cintura y expresiones pícaras en un rostro maquillado, curvas y rectas proclamando su derecho a la igualdad social: Drag Queen les llaman, o se hacen llamar. Eso nunca lo he sabido.
Drag Rolls Royce (DRR), reina de la noche de Valencia, ni siquiera sabe si es un o una drag, no logra explicarnos si prefiere que nos refiramos a su personaje en femenino o en masculino. Dice que ante todo se siente hombre y hace de drag queen porque le gusta la animación y le gusta disfrazarse. Drag Rolls Royce es un papel que interpreta, que le gusta porque le ayuda a pasarlo bien y porque con ello se saca unas pelas.
X+Q: ¿Una drag es la imitación de la mujer en su grado extremo, o una parodia de esa feminidad?
DRR: El drag viene, en cierto modo, del travestido o el transformista de hace cincuenta años. No es una burla, pero tampoco es una imitación de la figura femenina: Muchos más elementos entran en el juego. No es algo nuevo e inventado. Gracias a ellos, a los transformistas, surgió todo este movimiento y personajes como Faraona, que se vestían de mujer un poco ambigua, glamorosa y exagerada, hace ya muchos años. Lo que hay ahora es un boom. Hace veinte años había gente “con un par de huevos” que salían a la calle vestidos así, cuando hoy por hoy a las drag nos cuesta encontrar un taxi que acepte llevarnos de un sitio a otro. Digamos que el transformista nos abrió las puertas del mundo del espectáculo.
Las Drag Queen tienen el espacio ciertamente restringido y se las ve, apenas, en espectáculos nocturnos, cambiando totalmente su apariencia. Los otros, los heterosexuales, tendemos a pensar en la categoría de género oponiendo los conceptos hombre / mujer y en base a ello establecemos jerarquías antinaturales según las cuales tenemos derecho a burla. Pero nos equivocamos una vez tras otra. Tenemos un concepto de lo masculino o de lo femenino y suponemos que el hombre y la mujer se aproximan, en su comportamiento como en su morfología, a ese concepto ¿Qué nos está pasando? “Homosexualidad” es un concepto pobre para comprender la extrema diversidad de experiencias íntimas o sexuales entre personas del mismo sexo, tan inútil como el concepto “Heterosexual” para describir la opción sexual entre personas de distinto género. Un heterosexual interpreta ideales y representa ese papel del mismo modo que un homosexual, un transexual, un travestido o una Drag Queen. Ninguno de ellos tiene la posibilidad de llegar al original en tanto que ese original es sólo un concepto ficticio y, construido socialmente que, además, coloca el polo heterosexual como normal, en oposición al polo enfermo de lo homosexual. La homosexualidad no es antinatural pese a que la heterosexualidad sea mayoritaria. Los heterosexuales luchan por permanecer en sus papeles designados históricamente y los homosexuales interpretan un papel que no es el que socialmente se les ha asignado. ¿Y qué?
Todos somos actores en el espectáculo del género
La homosexualidad se muestra como lugar de trasgresión, al desubicar los conceptos de masculinidad o feminidad, cuando no entendemos que la categoría heterosexual es tan falsa como la homosexual: No deja de ser la imitación de un ideal muchas veces intangible. ¿Por qué no respetamos las opciones sexuales? No seamos retrógrados. Las desigualdades se configuran en el mismo momento en que se instaura la dicotomía hombre / mujer o hetero / homo. Simplemente somos diferentes unos de otros. En eso consiste la riqueza cultural, precisamente en la aceptación de las diferencias. Toda variante debe ser respetada y eso no significa que la vida pierda su sentido. Somos, pero también podríamos ser otra cosa.
X+Q: El transexual se siente mujer y por eso se viste como tal. ¿Las drags también?
DRR: Yo no conozco a ninguna drag que se sienta mujer. De hecho todos los que conozco son gays y, gustándoles los hombres, se sienten hombres también ellos. A mi me gusta ser hombre y que mi pareja sea un hombre masculino con pelos en las piernas. Puede haber algún drag que no sea gay y yo no le haya conocido, pero, profesionalmente no he encontrado nunca ninguno. Creo que eso de que hay heterosexuales drags es un mito.
X+Q: ¿En tu opinión no les llama la atención meterse en este mundo?
DRR: He ayudado a maquillar a muchos hombres para que parezcan mujeres. He disfrazado a hombres heterosexuales en carnaval y les he vestido de drag. Es algo que les llama muchísimo la atención, como si hubiera una tendencia natural en el hombre a disfrazarse de mujer, o de drag dado el caso. Pero no deja de ser una mascarada: Se disfrazan de, pero no lo son, aunque en un momento dado se hagan la loca
Plumas de colores, vestidos vistosos, seda y centímetros de tacón en los zapatos definen la estética Drag. El objetivo es escandalizar, desafiar o dar espectáculo con la figura exageradamente femenina y el carácter erótico y sexual. Pero, aunque se les ha intentado entender como la versión festiva de los travestidos, cada vez son más los hombres que declaran su heterosexualidad y deciden convertirse en la reina de la noche. Es un carnaval de color que evade y divierte. Quede claro, pues, que no todas las drag queen son gays. Siéndolo, asumiendo la identidad homosexual en lo cotidiano y frecuentando lugares gay, en su militancia están reivindicando lo que les es justo tener: Libertad.
Loable pues.
Todo es lo mismo y por eso la medicina no cesa en su intento por lograr que la semejanza con el original crezca. El transexual modifica su cuerpo hormonándose o aplicando novísimas técnicas quirúrgicas, pero también el heterosexual entra en quirófano por ese motivo: Agrandar pechos o reducirlos, liposuccionar las grasas sobrantes, eliminar el vello corporal mediante fotodepilación, etc. Tener un código genético XX o XY es irrelevante al final. Además de actores todos somos intérpretes. Así tomado, una Drag no es más que la feminidad llevada al extremo, y el pene es sólo un apéndice.
X+Q: ¿Cómo te introdujiste en el mundo de las Drag Queen?
DRR: Empecé porque, en una fiesta el día del orgullo gay, hace unos años, me invitaron a actuar haciendo una imitación de Marta Sánchez. Le pedí a una amiga unos tacones y un vestido, me maquillé, me puse una peluca, y así de “cutre” salí al podium. Dio la casualidad que en esa fiesta habían unos drags, profesionales del mundo de la noche, que me animaron porque me desenvolvía muy bien y quedaba “muy mujer” vestido. Poco después me presenté en un pub por una oferta de empleo como camarero. Al comprobar que mis horarios no eran compatibles con lo que ellos estaban buscando les ofrecí, de forma espontánea, el espectáculo drag. Contrataron, así que llamé a esta gente que había contactado conmigo y actuamos.
X+Q: ¿Siendo todo tan casual cómo se te ocurrió dedicarte a ello profesionalmente?
DRR: Al ver que iban saliendo actuaciones de vez en cuando, decidí ponerme en contacto con una diseñadora valenciana, que me hizo el vestuario, y a través de ella empecé a trabajar en el mundo de la noche y a bailar en salas.
X+Q: ¿Habías pensado antes en convertirte en drag?
DRR: Por supuesto, pero por unas cosas o por otras no tuve la oportunidad hasta entonces. Era un mundo que me atraía, había asistido a espectáculos con la finalidad de deleitarme con la actuación de otras drags, pero no había pensado que acabaría dedicándome a ello profesionalmente.
X+Q: ¿Trabajas con una agencia o tienes representante como cualquier otro artista?
DRR: Sí. Ahora que llevo ya tantos años la gente me conoce y contactan conmigo directamente. De una fiesta sale otra: Voy, actúo, me divierto y cobro por la animación. A veces contratan las propias salas. Otras veces animo despedidas de soltera, pero me contratan para que actúe en un lugar público, no en domicilios particulares. He trabajado también en salas de ambiente, en salas gays, pero son lugares en los que no estás bien pagado.
X+Q: ¿No interesa trabajar en el ambiente?
DRR: Económicamente no. Pienso que trabajar para gente heterosexual es muy interesante. Es gente que en un momento dado te permite usar más recursos a la vez, porque se sorprenden mucho más, están más cohibidos y eso permite muchos más juegos porque tienes una ventaja sobre toda esa gente: A la hora de meterte con ellos dispones de elementos que no tienes a tu alcance con los homosexuales. Los gays tienen menos capacidad de sorpresa.
X+Q: ¿Por qué no hay “drags kings” o reyes de la noche?
DRR: Mujeres que se vistan de hombre para hacer un espectáculo de animación sobre una tarima... No hay, cierto, pero sí hay mujeres que se visten de drag y hacen espectáculos exagerando esa estética femenina. De todos modos vestirse de mujer, por muy exagerado que sea, no es ser drag queen, y hay muchas clases de drag igual que hay muchas clases de tribus urbanas entre la gente que no es reina de la noche.
X+Q: Por ejemplo...
DRR: Está el travesti que se siente mujer y por ello viste como tal, el transformista se viste de mujer pero no tiene por qué sentirse mujer, el drag es un hombre vestido de algo ambiguo o de un personaje de fantasía que no tiene necesariamente que ser mujer: Puede ser un animal como el pájaro, una diablilla... El ciber drag es más actual. Se trata de una figura típica con crestas, cadenas, plataformas desmesuradas, etc.
X+Q: ¿A qué se debe el uso de tanto color? ¿Por qué todo lo que usáis es tan llamativo y vistoso?
DRR: Porque es alegría, ¿No? El papel de las drag es animar. El color es vida, luz. Al fin y al cabo el cuidado estético para ser drag queen es importante. Algunos se depilan todo el cuerpo, otros, como yo, nos depilamos pecho y axilas y para disimular el pelo de las piernas nos ponemos tres medias, unas sobre otras, y encima las de rejilla.
X+Q: ¿Y en verano?
DRR: Lo paso mal. Pero es que me gusta sentirme hombre, me gusta ser hombre y me gusta, cuando estoy desnudo en mi vida cotidiana comprobar que tengo características masculinas: pelo, entre otras cosas.
X+Q: Cuando te vistes de drag es para hacer un espectáculo. ¿Nunca has pensado en vestirse así a diario?
DRR: No. Yo soy un artista, igual que Rosa de Operación Triunfo o Bisbal . Me visto así para trabajar, animar las fiestas, ganar algo de dinero y divertirme. Esos tíos deben estar ganando miles de euros por cada actuación y, sin embargo, la gente se extraña cuando reconozco ganar 150 euros. Creen que es mucho, pero no lo es. Ten en cuenta que antes de cada actuación hay un proceso de hora y media de transformación. El maquillaje y vestuario para convertirte en drag no se consigue en minutos. Añade a eso una depilación, un vestuario del que te has de preocupar, unos ensayos, viajes a Madrid para comprar botas o zapatos... Es un trabajo que la gente no valora. No es sólo esfuerzo: La inversión en tiempo, y la inversión económica son muy importantes.
X+Q: ¿Cómo se tarifa ese trabajo?, ¿Cobras por cada tema que interpretas?, ¿Cobras por noche?, ¿Por horas?
DRR: Depende de la sala que te contrate, para qué te contrate o dónde esté esa sala. Normalmente a mi me llaman de Teruel, Alicante, Castellón... Si es para una despedida hablamos de 150 euros aproximadamente, y el show dura una hora. Hay drags que en un momento dado hacen un pequeño strepptease, muy gracioso, y cobran por ello un poco más de dinero. Si haces animación de podium en una sala ganas entre 150 y 200 euros por cuatro horas de trabajo haciendo turnos para bailar.
X+Q: ¿Se utiliza el espectáculo de drag queen para generar actividad sexual a nivel particular o profesional? Quisiera saber si gracias a las actuaciones las drag encontráis ligues o, incluso, si se buscan clientes de otro tipo para ganar dinero.
DRR: ¿Prostitución? En mi caso no. Pero sí tengo compañeros de la noche que los fines de semana actúan en salas y de lunes a viernes se visten para prostituirse. Lo respeto completamente y pienso que cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que le plazca. Yo he ligado durante un espectáculo, pero nada más. Sólo me ha pasado una vez y porque me dejé llevar. No son dos actividades paralelas: Ser drag queen no significa vender tu cuerpo. Es una opción particular de personas concretas.
X+Q: ¿Se trata de afeminarte gracias a un proceso de transformación?
DRR: Por supuesto. Desde el mismo momento en que comienzas a maquillarte o a vestirte vas cambiando tus movimientos, vas afinándote, mirándote en el espejo y ensayando gestos y movimientos.
X+Q: ¿Te gusta que te vean como mujer cuando vistes de drag queen o prefieres que se note que eres un hombre vestido de mujer?
DRR: Depende de lo que me pidan. Lo que más convenga. Aquí en Valencia, desgraciadamente, se identifica drag con mujer. Yo estoy en contra. Por eso a veces empleo una estética un poco más agresiva. No tan “travesti” o tan transformista. Hay muchas clases de reina de la noche.
X+Q: ¿Tu familia cómo lo lleva?
DRR: Ahora muy bien. Pero fue un poco difícil explicárselo. Si ya es duro para unos padres que su hijo les confiese ser gay, es más traumático aún que encima sea drag. Yo le pedí a mis padres que no opinaran sobre mi actividad hasta que no pudieran verme en una actuación. Vinieron a verme, y al acabar estaban encantados y les dolían las palmas de las manos de tanto aplaudir.
X+Q: ¿Nunca te ha creado conflictos personales ser drag?
DRR: Sí, incluso ha habido veces que he tenido que dejar mi mundo drag, por mi pareja, por ejemplo. Pero sufrí mucho y decidí que jamás lo volvería a dejar: Por nada ni por nadie. Es una válvula de escape que me relaja y me divierte. Necesito hacerlo.
X+Q: Ser modelo de pasarela tiene una caducidad. A los treinta años se desplaza a la mujer por una niña mucho más joven. Ser drag, ¿Tiene edad?
DRR: No. Hay gente muy buena con cincuenta años que te quitan el aliento cuando actúan. Tienen una lengua y una movilidad en el escenario difícil de conseguir. Son verdaderos profesionales. Antes había incluso quien cantaba los temas con su propia voz. Ahora sólo hacemos play back.
X+Q: ¿Hay salas específicas para espectáculos drag?
DRR: Ahora no las hay. De hecho creo que para espectáculos drag nunca las ha habido, pero sí las había para transformistas, igual que las había para cabaret. Sólo hay dos o tres sitios donde los transformistas pueden hacer ese tipo de espectáculo en Valencia.
X+Q: ¿Cómo se contrata un espectáculo de drag queen?
DRR: Lo habitual es acudir a organizadores de fiestas, llamar directamente si alguien te ha pasado el número de teléfono, o enviar un correo electrónico a info@tallerdebrujas.com . Lo que más funciona es el boca a boca.
X+Q: Supongo que hay envidias y celos entre drags.
DRR: Muchas más, incluso, que entre mujeres. Las mujeres envidian el cabello de otra, el pecho de su vecina o las piernas de su amiga. Los drag son malvados respecto a eso: No sólo hay envidias sino que si pueden meterse contigo, ofenderte o humillarte: Lo hacen. Como hay tantos piques y tantas envidias, porque todas queremos ser divinas, ser “la más”, no hay buen rollo sino competencia. Los problemas de celos que se producen entre mujeres no son nada comparados con los que se producen entre maricones, y todas las drag que conozco son homosexuales: entre nosotros hay muy mala relación tanto a nivel profesional o personal, como a nivel estético Estoy seguro que si una drag está haciendo un espectáculo y, entre el público hay otra drag que no está actuando, la está poniendo de vuelta y media. Pero también puedes encontrar buenos amigos, aunque sean críticos.
X+Q: Supongo que te encontrarás con dificultades para desenvolverte socialmente por ser drag, como por ser gay.
DRR: Lo que me gustaría es que la gente entienda que yo soy un hombre, gay sí, pero hombre, y que cuando me visto para actuar estoy interpretando un papel. De hecho el ambiente drag provoca curiosidad, incluso morbo, mientras el ambiente homosexual produce rechazo.
Un piropo con gracia que se le dice a la drag satisface lo mismo que un piropo bien dicho al hombre. Sencillamente me gustan los piropos, dice Drag Rollace Royce.

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