07/03/2010

Unas palabras...



He de reconocer que me invadió el pánico cuando supe que hablaría hoy aquí, porque no imaginaba de qué modo podría decir lo que sentimos por Paco y Cris, lo que les deseamos y cuánto les apoyamos. Pensé que no hay en el mundo palabras que sirvan para expresar el cariño que les tenemos, lo importante que son en nuestras vidas y lo inútil que sería nuestra existencia si no pudiéramos compartirla con ellos.
Me horrorizaba la idea de presentarme hoy aquí, ante todos estos testigos que ellos han querido traer a su ceremonia, y quedarme muda, o no saber decir todo lo que se merecen que diga. Ese miedo escénico, ese pánico al silencio y el temor a no saber explicar bien lo que sus familias pensamos en este momento, solo había dos formas de solucionarlo: la primera era escribir estas notas que me permitieran decir todo esto sin tartamudear demasiado. La segunda era más sencilla: la satisfacción personal de verles aquí, tan guapos los dos, tan elegante Paco y tan bella Cris y decirles todo lo que sus familias les queremos decir.
Sabemos que el matrimonio es como un contrato según el cual ambas personas se comprometen a amarse para siempre, deciden compartir los malos momentos, apoyándose indefinidamente sin esperar gratificación a cambio, y se implican en cada actividad diaria para ser capaces de sonreír por las mismas cosas y entristecerse por las mismas cuestiones.
Ese contrato, a veces, no es necesario formalizarlo por escrito, ante montones de testigos, porque es tan evidente e indiscutible que no requiere firmas.
En este caso Paco y Cris son un claro ejemplo.
Son capaces de compartir tantas cosas entre ellos, y con los demás, que se hace difícil imaginar que alguna vez fueron dos. Porque son uno.
Son un solo ser, con los mismos gustos, las mismas aficiones, los mismos amigos, las mismas inquietudes y las mismas preocupaciones.
Son una sola persona que se entristece y se alegra con coherencia, pero a la vez son dos, dos seres individuales y autónomos que viven y se mueven con la única pretensión de hacer feliz al otro.
Sin embargo han querido que todos nosotros seamos testigos en la formalización de su matrimonio. Nos han permitido estar aquí para ver cómo se decían uno al otro que deseaban estar juntos el resto de sus vidas. Es una suerte, con los tiempos que corren, poder estar presentes en un acontecimiento como este y poder disfrutar de la magia que envuelve este momento.
No era necesario que dijeran a los cuatro vientos cuánto se quieren. Pero lo han hecho. No hacía falta que se lo dijeran ante todos nosotros, porque se trata de un acto tan íntimo y personal que podían haberlo hecho en privado. Pero aquí estamos, todos, viendo cómo se comprometen a hacerse felices. Viendo cómo se dicen que se quieren. Escuchando sus palabras y compartiendo sus sonrisas.
Y digo que no era necesario porque quienes estamos más cerca de ellos, sus familias, tenemos cada día la oportunidad de comprobar que es así. Sus padres, sus hermanos, sus sobrinos, y sus cuñadas (que nos sentimos como dos hermanas más), hemos comprobado la capacidad que tienen para hacerse felices.
Eso es lo importante. Eso es lo que deben cuidar. Mientras Paco consiga que Cristina se despierte cada mañana con una sonrisa en los labios… Mientras Cris pueda hacer que Paco se acueste cada noche con una sonrisa en los labios… Mientras eso siga siendo así, no habrá problema que pueda con ellos, ni dificultad que no puedan superar. Y nosotros, que somos los afortunados testigos hoy, del compromiso que están asumiendo, siempre vamos a estar aquí para ayudarles a conseguir esas bonitas sonrisas que tan acostumbrados nos tienen a ver.
Hoy me gustaría que, además del compromiso que Paco y Cris están adquiriendo entre ellos, nos prometieran a todos los demás recordar siempre que son dos personas especiales. Me gustaría que se aferraran a sus esperanzas, que su aspiración más pequeña sea la de alcanzar las estrellas, y que las alcancen juntos, sabiendo que juntos pueden conseguir todo cuanto se propongan conseguir. Sé que sus sueños serán sus tesoros. Y sé que sus sueños también serán sus éxitos. Porque lo lograrán todo.
Yo he tenido la suerte añadida de poderles decir hoy, en representación de sus familias, cuáles son nuestros deseos para ellos y cuál es nuestra mayor codicia: su felicidad.
Porque verles a ellos, ver a sus padres sonreír, y poderles decir desde lo más profundo del alma cuánto les queremos, ha sido, tal vez, una de las cosas más bonitas y gratificantes que he hecho en mi vida.
¡Os quiero!

2 comentarios:

  1. Gracias por estas palabras, después de casi un mes aun me emocionan y me hacen soltar alguna lagrimilla. Simplemente gracias...

    ResponderSuprimir
  2. No tienen ningún mérito. Después de semanas y semanas sentada delante del ordenador intentando decidir qué; y cómo decirlo descubrí que solo tenía que prepararme un café;, encenderme un cigarrillo y empezar a teclear lo que sentiera.
    Fue una boda preciosa. Creo que la más bonita de todas a las que he asistido.
    !Mis mejores deseos para ambos!

    ResponderSuprimir